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1. EL FIN DE LA “BONANZA” MIGRATORIA
A principios de 2026, Estados Unidos alcanzó un punto de inflexión demográfico con posibles implicaciones para su hegemonía económica: por primera vez en más de medio siglo, la migración neta al país podría haberse vuelto negativa. Según datos del Washington Post y un análisis preliminar de la Instituición Brookings, el flujo migratorio, que históricamente ha impulsado la expansión de la fuerza laboral estadounidense, sufrió una reversión abrupta durante la administración Trump, lo que resultó en una pérdida neta estimada de cientos de miles de personas en tan solo un año. Según el Washington Post, este fenómeno no es accidental, sino el resultado directo de un riguroso cumplimiento de las promesas de campaña, que incluyen deportaciones masivas, la ampliación de las restricciones de visados y una vigilancia fronteriza sin precedentes. Los investigadores de Brookings, a su vez, refuerzan que la desaceleración de los flujos migratorios hacia Estados Unidos en 2025 se debe principalmente a los programas humanitarios, la liberación condicional de refugiados y la ruta fronteriza suroeste, aunque las deportaciones y otras salidas reciben mayor atención mediática. También sugieren que la inmigración neta (Net immigration) probablemente osciló entre -295.000 y -10.000 en 2025, y para 2026, la proyección indica que probablemente oscilará entre -925.000 y +185.000.
En este sentido, la
administración Trump ha tenido mucho éxito hasta ahora en su objetivo de
reducir drásticamente la presencia extranjera, ya que aproximadamente una
quinta parte de los inmigrantes que antes tenían acceso legal al país ahora
enfrentan barreras insuperables. Sin embargo, el núcleo del debate propuesto
reside en las posibles consecuencias económicas de esta contracción. La salida
masiva de inmigrantes, sumada al bloqueo de nuevos flujos, podría generar un
vacío crítico en el mercado laboral. Los sectores que dependen de una mano de
obra intensiva, como la construcción, la agricultura, el sector servicios y el
cuidado de personas mayores, podrían enfrentar una escasez que amenaza con
estancar la productividad y elevar los costos operativos a nivel nacional.
Además, el análisis de Brookings proyecta un futuro de incertidumbre
macroeconómica, destacando el conflicto entre la ideología del control soberano
y la realidad demográfica. Con el rápido envejecimiento de la población nativa,
el estudio sugiere que la ausencia de trabajadores extranjeros para reponer la
fuerza laboral y sostener el consumo interno podría conducir a una reducción
del crecimiento del PIB y a presiones inflacionarias persistentes.
2 IMPACTO MACROECONÓMICO: EL “TECHO”
DEL CRECIMIENTO
El fuerte crecimiento del empleo observado entre 2022 y 2024 se debió en gran medida a los flujos migratorios, que equilibraron la disponibilidad de trabajadores con la nueva demanda de bienes y servicios. Sin embargo, según el informe de Brookings mencionado anteriormente, la tasa actual de crecimiento poblacional ha reducido el llamado “crecimiento de equilibrio del empleo”. Se estima que el nivel necesario para estabilizar el desempleo ha disminuido de un rango de entre 20.000 y 50.000 empleos mensuales (a finales de 2025) a un posible escenario de contracción en 2026. Este movimiento también debería desacelerar la economía, restando entre 60.000 y 110.000 millones de dólares al consumo total durante los próximos dos años.
Por lo tanto, si bien el período de 2021 a 2024 se caracterizó por un sólido crecimiento del PIB impulsado por la oferta de mano de obra extranjera, la pregunta se centra en cómo se proyecta el escenario económico de Estados Unidos en 2026 a partir de la experiencia de una inmigración neta negativa en 2025.
En estos términos, buscamos evaluar cómo la transición a una inmigración neta negativa impone un límite artificial al crecimiento de Estados Unidos, poniendo en peligro la sostenibilidad de sectores vitales y obligando a reevaluar las proyecciones a largo plazo de Congressional Budget Office (CBO) sobre la solvencia y la vitalidad de la economía estadounidense. El informe publicado a principios de 2024, titulado “The Demographic Outlook: 2024 to 2054”, publicado por CBO, ofreció una proyección técnica sobre la evolución de la población de Estados Unidos y sus implicaciones económicas para las próximas tres décadas. El documento se basó en la premisa de que la demografía estadounidense estaba experimentando un cambio estructural, en el que el crecimiento poblacional pasaría a depender completamente de la inmigración neta a partir de 2040. Este fenómeno se originó en la proyección de que las muertes superarían a los nacimientos debido al envejecimiento poblacional y a la disminución de la tasa de fertilidad, que la agencia revisó a 1.70 nacimientos por mujer, un valor significativamente inferior a la tasa de reemplazo poblacional. En cuanto a los indicadores económicos, CBO presentó datos que correlacionan el aumento observado en los flujos migratorios entre 2021 y 2026 con una expansión de la fuerza laboral. Con estos datos, se estimó que la potencial fuerza laboral adicional contribuiría a un aumento de aproximadamente 5.2 millones de personas en la población económicamente activa para 2033, lo que debería impulsar el Producto Interno Bruto (PIB) real en aproximadamente 0.2 puntos porcentuales anuales durante la próxima década. Desde una perspectiva fiscal, el informe proyectó que esta dinámica resultaría en un aumento de $1.2 billones en los ingresos federales para 2034, aunque también predijo un aumento de $300 mil millones en los gastos relacionados con los intereses de la deuda y el gasto obligatorio.
Sin embargo, el informe no omitió los desafíos inherentes a esta transición demográfica. El rápido crecimiento de la población de 65 años o más, en comparación con el menor crecimiento de la población en edad laboral, se cita como una presión persistente sobre la financiación de la Seguridad Social y Medicare. Además, el documento señala que, a corto plazo, la integración de nuevos trabajadores podría ejercer una moderada presión a la baja sobre la productividad media y los salarios en sectores específicos. Sin embargo, lo más destacado del estudio fue caracterizar la inmigración como el elemento compensatorio central ante el declive demográfico nativo, siendo decisiva para la trayectoria del PIB y la sostenibilidad fiscal de Estados Unidos en el horizonte de 2054.
Un destacado artículo de Goldman Sachs, publicado en febrero del año pasado, evaluó cómo la aceleración de la reducción de los flujos migratorios estaría redefiniendo la dinámica económica de Estados Unidos tras el significativo aumento observado entre 2022 y 2024. Según la publicación, el período de alta inmigración impulsó el crecimiento del empleo mediante una vía de doble sentido, en la que los inmigrantes proporcionaron la mano de obra necesaria y, simultáneamente, generaron demanda de bienes y servicios.
La integración de la información de los informes de Brookings, Goldman Sachs y CBO con los datos actuales de Bureau of Labor Statistics (BLS), revela que la economía estadounidense podría encontrarse en un punto de inflexión estructural en 2026. El fuerte crecimiento observado entre 2022 y 2024, basado en la expansión de la fuerza laboral a través de los flujos migratorios, ha dado paso a un escenario en el que la inmigración neta negativa podría limitar el desarrollo.
Según los datos oficiales más recientes de BLS, el mercado laboral muestra una transición hacia una tasa de crecimiento más moderada, sin que, sin embargo, se valide la tesis de que el equilibrio de la economía ahora requiere una contracción del empleo. Para que la tasa deI desempleo se mantenga estable y el mercado logre absorber satisfactoriamente a los nuevos participantes, aún se exige la creación de aproximadamente entre 70.000 y 100.000 nuevos empleos mensuales. Si bien las cifras del Payroll (nómina no agrícola) han mostrado moderación, se mantienen en niveles que respaldan la expansión económica, alejándose de escenarios de contracción que inevitablemente impulsarían el desempleo al alza a largo plazo.
Esta resiliencia se acompaña de una oferta laboral que no se ha estancado, como lo demuestra la tasa de participación laboral, que se ha mantenido estable en torno al 62,7 %. Este porcentaje refleja una base de trabajadores que continúa buscando u ocupando empleos de forma constante, lo que desmiente la percepción de que la población económicamente activa ha dejado de crecer. Por lo tanto, la dinámica actual de BLS apunta a un reajuste de las expectativas y una desaceleración controlada, donde el equilibrio entre la oferta de trabajadores y la creación de empleo aún presupone un crecimiento neto positivo y continuo para mantener la salud del panorama ocupacional.
La transición demográfica descrita por CBO, marcada por una tasa de fertilidad de 1,70, se aceleró repentinamente debido a una reversión del flujo migratorio, que se volvió negativo en 2025 por primera vez en décadas. Como señala la actualización de enero de 2026 de Brookings, esta inmigración neta negativa redujo el crecimiento de equilibrio de la economía: el nivel necesario para estabilizar el desempleo, que históricamente superaba los 100.000 empleos, se redujo a un rango de entre 20.000 y 50.000 empleos mensuales, con tendencia a volverse negativo en 2026. Los informes de BLS confirman esta presión, mostrando un Payroll debilitado que, sin embargo, no aumenta el desempleo proporcionalmente, ya que la base de trabajadores disponibles está en contracción real. En la práctica, la salida neta de extranjeros debilitó el consumo total y generó presiones inflacionarias en los sectores dependientes de la mano de obra, lo que puso en peligro la vitalidad económica a largo plazo e invalidó las proyecciones de crecimiento poblacional más optimistas previstas anteriormente.
Por lo tanto, en el escenario de 2026, la tesis de que la inmigración actuó como el principal elemento compensatorio del PIB parece válida. Con la reversión de este flujo, las proyecciones técnicas de una expansión anual de 0,2 puntos porcentuales del PIB real y un aumento de 1,2 billones de dólares estadounidenses en los ingresos federales enfrentan obstáculos significativos. Lo que se observa en los datos actuales de BLS es una economía que, tras haber perdido su motor demográfico externo, necesita lidiar con la realidad de una fuerza laboral nativa en declive, lo que obliga a reevaluar las métricas de productividad y la solvencia de la Seguridad Social y Medicare ante un horizonte de crecimiento visiblemente más restringido.
En este contexto, la política migratoria se ha convertido en un punto central de especulación sobre la resiliencia del mercado laboral, la dinámica económica y las presiones sobre precios y salarios, influyendo directamente en las decisiones de política monetaria.
Las estimaciones del estudio de Brookings sugieren que se espera que el crecimiento del empleo se mantenga débil en comparación con los patrones históricos, y que podría entrar en terreno negativo a lo largo de 2026. En consecuencia, la tasa de desempleo se convierte en el indicador más preciso para discernir si la debilidad del mercado laboral se debe a fluctuaciones cíclicas, susceptibles de intervención monetaria, o si es simplemente el resultado de una política migratoria más restrictiva. Además, sectores específicos de la economía que atienden directamente a la población inmigrante afectada experimentarán una actividad económica inesperadamente débil. Los investigadores advierten que es crucial comprender que esta contracción no refleja las condiciones adversas de un ciclo económico tradicional, sino que representa la "nueva normalidad" establecida bajo las directrices migratorias actuales. Finalmente, a medida que la economía se ajusta a esta nueva realidad de la oferta laboral y la demanda de los consumidores, se recomienda que cualquier adopción de una política monetaria más expansiva se realice con cautela, dada la naturaleza estructural y no meramente cíclica de este cambio.
3 SECTORES CRÍTICOS Y VULNERABILIDADES
REGIONALES
El sector económico estadounidense enfrenta en 2026 profundos desafíos estructurales en sus pilares productivos, a medida que la transición hacia una inmigración neta negativa y políticas migratorias restrictivas alteran la composición del mercado laboral. Según datos del American Immigration Council, la escasez de mano de obra resultante genera un impacto sistémico que trasciende la simple falta de personal, manifestándose en una pérdida significativa de poder adquisitivo y un aumento de los costos operativos que debilita sectores vitales. En la agricultura, datos del USDA (Departamento de Agricultura) indican una aguda crisis de costos, donde la dificultad para encontrar trabajadores rurales para las cosechas y la ganadería eleva el precio final de los alimentos, lo que presiona la inflación y reduce la competitividad de la agroindustria estadounidense en el mercado global.
Este fenómeno de escasez se refleja con igual intensidad en el sector de la construcción, donde la ausencia de nuevos participantes en el mercado laboral limita el ritmo de nuevas construcciones e infraestructuras. La reducción de la oferta de trabajadores cualificados y manuales provoca retrasos crónicos y un aumento de los costos de los proyectos residenciales y comerciales, lo que, en última instancia, frena la inversión en capital fijo e impacta directamente en el crecimiento del PIB. Como se destaca en las proyecciones para 2024 y 2025, la pérdida de la "vía de doble sentido", en la que el inmigrante era simultáneamente fuerza productiva y consumidor, crea un vacío de oferta y demanda que afecta la vitalidad de las regiones que dependen de estos ciclos económicos.
En el sector de la salud, la vulnerabilidad es aún más pronunciada debido al envejecimiento acelerado de la población y la baja tasa de fertilidad mencionada por CBO. Con el crecimiento de la población de 65 años o más desproporcionado respecto de la población en edad laboral, la red de atención sanitaria y asistencia social se enfrenta a una presión insostenible. La falta de profesionales de apoyo, históricamente proporcionados por mano de obra extranjera, compromete la prestación de servicios esenciales y aumenta los costos de los servicios de salud y seguridad social, como se mencionó anteriormente. En definitiva, la evaluación integrada de estos sectores demuestra que la disminución de la migración actúa como una barrera para el desarrollo, forzando un reajuste forzoso de los modelos de negocio y poniendo en riesgo la sostenibilidad fiscal del país en las próximas décadas.
El análisis de los datos publicados por BLS en enero de 2026 corrobora el impacto directo de la escasez de mano de obra en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), lo que refleja las vulnerabilidades sectoriales señaladas anteriormente. Según el informe más reciente, la inflación en servicios y alimentos continúa siendo presionada por los costos de los insumos y, principalmente, por la nómina. En la agricultura, la crisis de costos detallada por el USDA en Farm Labor Statistics demuestra que la menor disponibilidad de trabajadores rurales ha incrementado el costo de producción, lo que se traduce en precios más altos en los anaqueles para el consumidor final, lo que dificulta el control de las metas de inflación.
En el sector de la vivienda y la construcción, los índices de BLS muestran que el costo de la vivienda (shelter) sigue siendo uno de los principales componentes de la inflación persistente. Este fenómeno está intrínsecamente vinculado a la tesis del American Immigration Council, que advierte que la drástica reducción de la fuerza laboral en la construcción impide la expansión de la oferta de vivienda, manteniendo los precios artificialmente altos debido al déficit de vivienda. Simultáneamente, el sector salud está experimentando un aumento en los costos de la atención médica, donde la escasez de profesionales de apoyo y enfermería obliga a un aumento salarial que se traslada a los planes de salud y los servicios hospitalarios, lo que valida las preocupaciones de la CBO sobre la presión fiscal a largo plazo.
Por lo tanto, la
integración de los indicadores de BLS con fuentes de investigación económica
confirma que la disminución de la migración en 2026 no solo redujo el
crecimiento del PIB, sino que también alteró la dinámica del IPC al crear
cuellos de botella en la oferta de sectores esenciales. El aumento de los
costos de producción en la agricultura y la construcción, sumado a la presión
sobre los servicios de salud, podría generar un ciclo de inflación de costos
que impacte el poder adquisitivo de las familias estadounidenses, como predicen
los estudios sobre la pérdida de la vía de doble sentido de la inmigración. La
sostenibilidad económica, por lo tanto, enfrenta el desafío de equilibrar una
fuerza laboral envejecida y reducida con una demanda que, si bien es más
moderada, enfrenta precios crecientes de servicios básicos y bienes esenciales.
4 ¿EL NUEVO EQUILIBRIO?
La situación económica en Estados Unidos a principios de 2026 revela que el país atraviesa un punto de inflexión estructural, donde la transición a una inmigración neta negativa redefine los límites del crecimiento nacional. La reversión del flujo migratorio, que anteriormente sustentaba la expansión de la fuerza laboral y el dinamismo del consumo, ha impuesto un techo artificial al desarrollo, reduciendo el nivel de crecimiento de equilibrio del empleo a un rango de entre 20.000 y 50.000 empleos mensuales, con tendencias a la contracción. Este cambio no representa solo una fluctuación cíclica, sino que establece una nueva normalidad que desafía las proyecciones a largo plazo de la CBO sobre la solvencia fiscal y la vitalidad del Producto Interno Bruto (PIB).
La escasez de mano de obra resultante de estas políticas migratorias restrictivas ha generado cuellos de botella en la oferta de sectores productivos esenciales, como la agricultura, la construcción y el sector salud. El impacto se manifiesta en un ciclo inflacionario impulsado por costos, donde la dificultad para cubrir puestos de trabajo eleva los costos operativos y los precios finales de alimentos, vivienda y atención médica, comprometiendo el poder adquisitivo de las familias estadounidenses. Al perder el motor demográfico externo que equilibraba la economía, el país ahora enfrenta el desafío de mantener su infraestructura y servicios básicos con una fuerza laboral nativa en declive y envejecida.
La experiencia de 2025 y 2026, analizada por el informe de Brookings, parece confirmar que la inmigración actuó como el principal factor compensatorio para la estabilidad macroeconómica y la sostenibilidad de la Seguridad Social y Medicare. Ante la pérdida de la "vía de doble sentido", en la que los inmigrantes impulsaban simultáneamente la oferta y la demanda, la economía estadounidense se ve obligada a reajustar sus modelos de negocio y su política monetaria. El nuevo equilibrio económico, por lo tanto, requiere una gestión cautelosa que reconozca la naturaleza estructural de esta escasez de mano de obra, a fin de evitar que el debilitamiento de la productividad se convierta en un obstáculo permanente para la hegemonía y la salud fiscal del país.