Steve Rainwater from Irving, US
1. Reconfiguración
política y nuevas variables en el bastión republicano
El 3 de noviembre de este año tendrán lugar las llamadas “midterms” o elecciones de mitad de mandato. El objetivo principal es la elección de los ocupantes de 435 escaños en la Cámara de Representantes, con mandatos de dos años, así como de 35 escaños en el Senado, con mandatos de seis años. Las elecciones estadounidenses se caracterizan por la existencia de estados predominantemente demócratas, otros consolidados como republicanos y los denominados “estados pendulares” (swing states), que oscilan de un bando a otro en cada comicio. Al ser los verdaderos determinantes del resultado electoral, estos estados decisivos concentran la mayor parte de la atención y los esfuerzos de ambos partidos.
Sin embargo, en Texas - un estado históricamente republicano -, la competitividad del Partido Demócrata ha crecido de manera significativa, impulsada por el peso demográfico del electorado latino; un hecho que preocupa a la cúpula del Partido Republicano. Aunque este partido ha controlado todos los cargos estatales durante casi dos décadas, una combinación de factores económicos, la reacción popular ante las políticas migratorias, el impacto de la inteligencia artificial y la postulación de candidatos controvertidos han debilitado dicho dominio. Este escenario podría representar la oportunidad más concreta en años para que los demócratas ganen terreno en el segundo estado más poblado del país.
En el panorama nacional, se estima que cerca de 250 millones de ciudadanos adultos estarán habilitados para votar en 2026. Aunque los votantes blancos siguen representando la mayoría de este grupo (61%), su participación porcentual ha disminuido de forma continua desde 2006. Por el contrario, los grupos minoritarios han ganado un terreno significativo, impulsados principalmente por los hispanos, cuya representación prácticamente se ha duplicado en las últimas dos décadas, alcanzando el 16% del total (39 millones de votantes). Este crecimiento acelerado - derivado sobre todo de jóvenes nacidos en EE. UU. que han alcanzado la mayoría de edad - consolida a la población latina como el segundo grupo más grande del electorado estadounidense, subrayando su relevancia decisiva en el panorama político del país. En este contexto, el electorado latino se ha consolidado como un elemento central para el rumbo de Estados Unidos, ejerciendo influencia no solo en la contienda de 2026 - tanto en Texas como a nivel nacional -, sino también en las elecciones presidenciales posteriores de 2028 y 2032.
Al respecto, datos del Texas Politics Project (Universidad de Texas) señalan una creciente desaprobación de la figura de Donald Trump por parte de los latinos en el estado: su valoración negativa ha subido al 51%, frente a un 41% de aprobación; un marcado contraste con el equilibrio registrado en octubre de 2024. Este descontento refleja una tendencia nacional impulsada, sobre todo, por la preocupación ante el costo de vida y la gestión de la economía. Según un sondeo de NBC/Telemundo, el 48 % de este grupo muestra una mayor confianza en la gestión económica de los demócratas, frente a solo el 27% que prefiere alos republicanos.
En este contexto, la Corte Suprema de Estados
Unidos reactivó un mapa electoral rediseñado en Texas, lo cual favorece al
Partido Republicano, dada la creciente amenaza de que los demócratas ganen
terreno en el estado. Esta medida tuvo como objetivo asegurar el mantenimiento
de la mayoría republicana en el Congreso de cara a las elecciones de mitad de
mandato de 2026, al revocar la decisión de una instancia inferior que había
suspendido el nuevo trazado. Al permitir la transferencia de hasta cinco
escaños de la Cámara de Representantes a los republicanos, la decisión protege
la agenda legislativa del gobierno y previene posibles investigaciones
parlamentarias impulsadas por la oposición. Sin
embargo, los republicanos -quienes históricamente han ejercido una hegemonía
sobre Texas - atraviesan un momento de gran complejidad y se enfrentan a la
amenaza real de perder el control del estado. En este panorama dinámico, el
electorado latino emerge como la variable más determinante, convirtiéndose en
la pieza clave para definir el rumbo político tanto a nivel local como
nacional.
2. Los tres
motores del cambio en Texas
La importancia de los latinos en Texas es indudable, ya que es el segundo estado estadounidense con mayor presencia de este grupo poblacional. En el año 2000, el porcentaje de latinoamericanos en la región era del 32 % y creció exponencialmente en las décadas siguientes, alcanzando el 39,3 % en el censo demográfico de 2020. Actualmente, hay 11.441.717 hispanos - o latinos - en Texas, lo que equivale a más del 18 % conrespecto al total del país.
Dicho esto, es imposible negar la relevancia de esta comunidad en el ámbito político, especialmente dado que 36 millones de latinos estaban habilitados para votar en 2024. Los datos de la última elección presidencial muestran que el Partido Demócrata ha sido la opción preferida, ya que el 61 % de los votos de este grupo fueron para el candidato Joe Biden.
En este mismo contexto, la economía de Estados Unidos fue un factor decisivo para el electorado latino y, probablemente, seguirá siéndolo en las elecciones de mitad de mandato (midterms) de noviembre. Una encuesta electoral realizada por el Pew Research Center en 2024 indicó que el 52 % de los encuestados confiaba en que Donald Trump tomaría buenas decisiones económicas; ahora, esa percepción se pondrá a prueba ante la posibilidad de un cambio en el Congreso. La encuesta también abordó otras cuestiones, tales como posibles nominados a la Corte Suprema, decisiones sobre políticas de inmigración, relaciones exteriores e incluso el aborto. Los resultados mostraron diferencias de apenas unos pocos puntos porcentuales, lo que pone de manifiesto una falta de definición en las preferencias de la comunidad latina. Por último, cerca del 44 % de los votantes latinos tenían una opinión muy o mayoritariamente favorable hacia el Partido Demócrata, mientras que el 32 % expresaba la misma percepción respecto al Partido Republicano. La preferencia por los demócratas variaba según características demográficas: entre las mujeres, el 50 % expresaba una opinión favorable hacia el partido, frente al 40 % de los hombres. Asimismo, los votantes de 50 años o más mostraban una mayor tendencia a valorar positivamente a los demócratas (48 %) que los más jóvenes (42 %), lo que evidencia diferencias generacionales y de género en el comportamiento político de este electorado.
En lo que respecta al costo de vida en este estado sureño, la población ha enfrentado un aumento del 3,1 % en los precios de los bienes básicos durante el último año. Cabe señalar que los costos de los alimentos, en general, subieron un 2,3 %; la energía, un 15,8 %; y la gasolina, un 28,5 %. No obstante, es preciso destacar que estos resultados son consecuencia tanto de la política interna del país - donde los costos laborales aumentan debido a la reducción de la mano de obra inmigrante, derivada de la política migratoria de Trump y de las acciones extremistas del ICE - como de las intervenciones internacionales del país; en este caso, el cierre del estrecho de Ormuz tiene un impacto significativo en los precios.
Otros indicadores, como los costos de la vivienda,
la atención médica y la educación, también registraron aumentos en la región
sur de los Estados Unidos. Entre agosto de 2025 y agosto de 2026, los precios
de la vivienda aumentaron un 2,6%, mientras que los alquileres de la residencia
principal registraron un incremento del 1,8%. Por su parte, la atención médica
presentó un aumento del 1,6%, y el sector de educación y comunicación, del
1,3%. Aunque son inferiores a los registrados en categorías como energía y
transporte, estas variaciones evidencian la persistencia de las presiones sobre
el costo de vida, especialmente en gastos esenciales que comprometen una parte
significativa del presupuesto familiar.
En cuanto al análisis de la ciudad de Houston, un importante centro económico e industrial de Texas, la situación no difiere sustancialmente, dado que el Índice de Precios al Consumidor (CPI, por sus siglas en inglés) registró un aumento anual del 1,3%, según U.S. Bureau of Labor Statistics (BLS). A pesar de que el índice general mostró una subida moderada, los costos de la energía, la gasolina y los alimentos registraron incrementos mayores en comparación con la situación en la región Sur.
En este contexto, resulta fundamental destacar la configuración política y partidista en el estado de Texas; actualmente, en la Cámara de Representantes, los republicanos ocupan 88 de los 150 escaños disponibles, y también constituyen la mayoría en el Senado estatal, con 20 representantes. Por lo tanto, como se mencionó anteriormente, los partidos Republicano y Demócrata mantienen una disputa intensa en su intento por modificar la composición de los órganos de gobierno.
Los republicanos, como Ken Paxton y Greg Abbott, defienden principalmente recortes de impuestos, la reducción de regulaciones y el fomento a la construcción de viviendas, además de medidas para ampliar la producción de petróleo y gas y combatir las prácticas abusivas de las grandes empresas. Los demócratas, por su parte, priorizan acciones de alivio financiero y una mayor intervención regulatoria para contener los precios. James Talarico, por ejemplo, propone suspender temporalmente los impuestos federales sobre los combustibles, ampliar los beneficios fiscales para las familias con hijos y fortalecer la supervisión de las empresas del sector alimentario.
Según una encuesta de Reuters, la mayor parte de la población - aproximadamente el 78% - culpa al gobierno actual por los aumentos significativos y progresivos; estas cuestiones podrían resultar decisivas para las elecciones de mitad de mandato (midterms), así como para las futuras estrategias y la agenda de gobierno.
Otro aspecto relevante para el debate electoral en Texas es la cuestión energética, dado que el rápido crecimiento de los centros de procesamiento de datos destinados a la Inteligencia Artificial conlleva una demanda excesiva de energía eléctrica y recursos hídricos. El estado favorece este tipo de proyectos gracias a su amplia infraestructura, su considerable producción de petróleo y gas natural, y su creciente generación de electricidad a partir de fuentes renovables. Según la U.S. Energy Information Administration (EIA), el estado generó el 13% de la electricidad producida en Estados Unidos en 2024, además de liderar a nivel nacional la producción de energía eólica. Esta capacidad energética hace que el estado resulte atractivo para la instalación de grandes infraestructuras digitales; sin embargo, también intensifica los debates sobre la disponibilidad de recursos y los límites del crecimiento industrial.
La mayor presión recae sobre la infraestructura eléctrica, ya que los centros de datos operan de forma ininterrumpida, lo que exige grandes volúmenes de electricidad tanto para los servidores como para los sistemas de refrigeración. En marzo de 2026, la U.S. Energy InformationAdministration (EIA) destacó que la expansión de los centros de datos figura entre los factores que impulsan el crecimiento de la demanda eléctrica en Estados Unidos, y señaló al sistema administrado por el Electric Reliability Council of Texas (ERCOT) como una de las regiones con mayores expectativas de crecimiento de la carga eléctrica. Por ello, si la demanda aumenta más rápidamente que la capacidad de generación y transmisión, es posible que surjan presiones sobre los precios de la electricidad y sobre la fiabilidad de la red.
La segunda dimensión se refiere a la presión sobre los recursos hídricos -especialmente en regiones propensas a sequías y con limitaciones de agua -, debido al uso de este recurso para la refrigeración de equipos y la generación de electricidad en los centros de datos. Según estimaciones del Houston Advanced Research Center (HARC), citadas por el Texas Tribune, los centros de datos existentes en Texas podrían consumir cerca de 25.000 millones de galones de agua en 2025 - equivalentes al 0,4 % del consumo a nivel estatal -, y la previsión indicaba que dicha proporción podría alcanzar el 2,7 % para 2030. Aunque la proporción a nivel estatal sea relativamente pequeña, la concentración de grandes instalaciones en municipios específicos puede intensificar la competencia por el agua entre empresas, hogares y actividades agrícolas, incrementando, en consecuencia, su costo.
En el contexto antes mencionado, han aumentado las movilizaciones de los residentes de diversas regiones de Texas, preocupados por el impacto de estas instalaciones en la calidad de vida y los recursos locales. Según un informe del Texas Tribune, ciudadanos de San Marcos y otras localidades han presionado a las autoridades municipales para que reevalúen o detengan estos proyectos, debido al elevado consumo de agua y electricidad, al riesgo de un aumento en las facturas de energía y a los efectos de la construcción sobre el uso del suelo.
Asimismo, la población rechaza la posibilidad de que el ruido constante de los equipos, el tráfico derivado de las obras y la instalación de generadores y otras estructuras industriales alteren la dinámica de las zonas residenciales y rurales. Por otra parte, estas protestas adquieren relevancia electoral, ya que las decisiones sobre inversiones privadas, planificación urbana y suministro de servicios esenciales se han convertido en temas de debate público. En el escenario descrito por CNN Brasil, el descontento con el costo de vida y los efectos de la expansión de la inteligencia artificial desafían el dominio republicano en Texas, permitiendo que los demócratas movilicen a los votantes en torno a cuestiones económicas cotidianas. Mientras que los defensores de estos proyectos resaltan la atracción de inversiones, la recaudación fiscal y la creación de empleo, sus opositores cuestionan quién asumirá los costos ambientales y los gastos derivados de dichas instalaciones.
En resumen, la contienda electoral en Texas se ve influida por la convergencia de tres factores: el creciente peso demográfico y político de la población latina, la presión sobre el poder adquisitivo de las familias y los impactos territoriales de la expansión tecnológica. A medida que el crecimiento del electorado latino aumenta su relevancia en la definición de los resultados electorales, el incremento del costo de vida pone a prueba la capacidad de los partidos para responder a las demandas cotidianas de la población. Paralelamente, la instalación de centros de datos (data centers) pone de manifiesto las contradicciones entre la atracción de inversiones y los costos locales asociados al consumo de energía y agua, la infraestructura y el uso del suelo. En este contexto, las elecciones de mitad de mandato de 2026 representan una oportunidad para analizar las propuestas demócratas y reevaluar el prolongado dominio republicano en el estado.
Ante la confluencia de la reconfiguración
demográfica, las presiones inflacionarias y los impactos socioambientales de la
expansión tecnológica aquí detallados, resulta importante analizar el desenlace
de los comicios en Texas, teniendo en cuenta los límites impuestos por las
barreras institucionales vigentes.
Consideraciones finales
La convergencia entre la transición demográfica del electorado latino, el aumento del costo de vida y las disputas locales en torno a los recursos hídricos y energéticos - generadas por la expansión de los data centers - intensifica la competitividad política y amplía el espacio para la oposición en Texas.
A pesar de un escenario favorable para la
movilización demócrata en torno a cuestiones socioeconómicas y ambientales,
Texas mantiene sólidas barreras estructurales, como el mapa electoral
rediseñado que favorece a la mayoría republicana. Por consiguiente, el
resultado de las elecciones de mitad de mandato de 2026 dependerá directamente
de la capacidad de la oposición para transformar el descontento popular - vinculado
a la inflación y a la infraestructura - en votos concretos en las urnas.